lunes, 25 de julio de 2011

Retratando a los Fisher


Intentando reparar los errores anteriores, decidí ver la cuarta temporada de Six Feet Under con calma y sosiego, disfrutando de los detalles y de las delicias de esta magnífica serie. Es difícil, como es obvio, ver únicamente un mísero capítulo en la hora de la siesta cuando sabes que tienes el resto guardados en el disco duro (negaré fervientemente haber hecho esta afirmación), pero hay que reconocer que el cambio es mucho más placentero. Es todo un reto no devorar una serie a la que le puedes dedicar mucho tiempo libre, cuando lo sencillo es verla de golpe y sin frenos, pero como ya dije hablando de la tercera temporada, las series no están diseñadas para verlas en maratón (si no, ¿para qué estarían, por ejemplo, los cliffhangers?) y encontrar la cadencia perfecta de tiempo entre capítulo y capítulo es fundamental. Todo esto es una diatriba filosófica que no viene demasiado al caso, pero nunca está de más comentar estas reflexiones cuando tienes como propósito escribir sobre una serie de culto, temporada tras temporada.

La cuarta de los Fisher es una delicia como la copa de un pino. Grande, generosa, con matices increíbles y evoluciones personales tanto desmedidas como necesarias. ¿Quién iba a decir que tras todo lo que han vivido estos personajes sus mayores cambios llegarían en la cuarta temporada? Pero se trata de cambios oscuros, inesperados y desmesurados que fuerzan el desequilibrio y el trastorno de los personajes. La cuarta es llamada por algunos la "sexual" de los Fisher, y aunque es cierto que el sexo está muy presente en toda la serie y que en la cuarta temporada es explotado con mayor asiduidad, es erróneo añadir ese sobrenombre a esta tanda de capítulos. Más bien se podría hablar de una temporada oscura y visceral, que vuelve a repasar la particular perspectiva de la serie tanto sobre la vida como sobre la muerte desde un panorama de inestabilidad y desasosiego. Por esa razón hablo del retrato de los Fisher, porque lo que ellos viven en la ficción y que los espectadores pueden ver a través de sus pantallas no es más que la imagen de la vida, de los cambios que se producen en ella y de cómo nos posicionamos frente a ellos (llevados al límite, obviamente). Esta es la grandeza de la serie, sin duda.




David, Keith y Rico

Si anteriormente dije que el personaje de David se había estancado en la segunda y tercera temporada, en la cuarta es uno de los personajes que sufre uno de los cambios más drásticos y trascendentales. Apartado de Keith por asuntos profesionales (éste está trabajando de guardaespaldas para Celeste, una histriónica Michelle Trachtenberg), el Fisher se regodea en la idea de tener sexo con un desconocido dejando subir a su furgoneta a un aparente autoestopista llamado Jake (Michael Weston, House), que en realidad es un ladrón con obvios problemas mentales que obligará a David a acompañarle en un descenso a los infiernos que traumatizará al Fisher hasta la médula. That's My Dog, título del capítulo, se erige como una de las piezas más magistrales de la serie en el que vemos a un Michael C. Hall dando una de sus lecciones de interpretación en una secuencia de tensión casi inagotable. Estos hechos cambiarán totalmente al Fisher y tendrán sus consecuencias en todos los actos que protagonice durante el resto de la temporada. Vive con miedo a todo y sin atreverse a hacer nada que pueda hacerle daño, mientras que al mismo tiempo descubre que Keith ha tenido relaciones con Celeste (que le despide por la misma razón) y tiene miedo de que su novio se cambie de acera y tanta tensión desarrollará en él una gran violencia ante lo desconocido o peligroso (que se lo digan a Roger -Matt Malloy-, el cual para resarcir el daño que le produce el Fisher pedirá algo a cambio). Más tarde, ambos decidirán tener un hijo, algo que se desarrollará en la quinta temporada, y David finalmente se enfrenta a su secuestrador cuando éste es capturado, descubriendo que está tan dañado mentalmente que no tiene ningún sentido obligarle a perdir perdón.



A Rico, como vimos en la tercera temporada, le han intentado dar mayor protagonismo. Comienza una relación con Infinity, la stripper que le hizo un trabajito en el coche al final de la temporada anterior, pero no es una relación sexual, ni siquiera es sentimental, sino que más bien se trata de una relación de amistad casi paternal, en la que el embalsamador cuida de la bala perdida de Infinity mientras trata de ocultarlo todo a su mujer. No obstante, cuando Infinity aparece en la funeraria y Ruth la conoce, le cuenta a Vanessa lo que ha visto dando por hecho que ambas mujeres se conocen. En compañía de su hermana, Vanessa va a pedir explicaciones a la stripper y acaban teniendo un fuerte encontronazo. Cuando le echa en cara a Rico lo que sabe, el chico se acuesta con Infinity y Vanessa no le permite volver a su casa pidiéndole el divorcio. Esta trama es bastante aburrida y no plantea nada nuevo más allá de que a Rico le den un papel mayor en la historia de la serie, pero es interesante ver cómo el chico primero se desmorona y poco a poco va superando su situación.




Claire

En la cuarta temporada, la Fisher más joven, Claire, descubre el éxito y la popularidad a través de la academia de arte a la que está asistiendo. Allí conoce a Anita (Sprague Grayden), Jimmy (Peter Facinelli) y Edie (Mena Suvari), que junto a Russell forman una extraña pandilla en la que tanto el arte como el desenfreno siempre están presentes. Instalada en la pequeña casa que está junto a la Funeraria (una casa que ya antes han ocupado David y Nate en diferentes momentos de la serie), Claire vivirá una serie de cambios muy importantes en su vida, aunque no necesariamente positivos. Nunca ha tenido muchos amigos y esta nueva oportunidad en la vida es una excusa para intentar tenerlos pero destroza todo lo que ha construido con gran facilidad. Primero lo estropea todo con Edie, una chica lesbiana con la que Claire comienza a entablar una relación prácticamente romántica pero que se termina cuando la Fisher le descubre a su amiga que no comparten los mismos gustos sexuales. Después, lo estropea con Russell, quien le inspiró para una colección de fotografías que le darán mucho éxito (a pesar de que Claire insista en que no es así). Jimmy, con quien Claire acaba enrollándose, le consigue un hueco en una exposición y la chica lo estropea todo pasando completamente de él. En esta temporada, Claire se enfrenta a sí misma cuando decide aplastar a sus amigos por obtener popularidad, mientras que la vemos con tramas mucho más picantes y desenfrenadas. Una gran mejoría para el personaje, no cabe duda, pero al final de esta temporada acaba con Billy, y a saber lo que puede pasar entre ambos.








Ruth y George

Cuando George entro en la vida de Ruth, la matriarca de los Fisher creía haber encontrado una persona a la que aferrarse en su solitaria existencia, una persona que la acompañara hasta el final de sus días. A pesar de que George había estado casado en varias ocasiones, la Fisher creía que la felicidad por fin había llegado a su vida, pero nada más lejos. Su matrimonio tan precipitado, con el que sus hijos no estaban del todo de acuerdo, en poco tiempo se convirtió en una nueva preocupación para la mujer: bien es sabido que cuanto mayores somos, menos dispuestos estamos a cambiar lo que somos, y eso es precisamente lo que Ruth acaba descubriendo en su nuevo marido. George, un hombre de costumbres acostumbrado a su independecia, poco a poco demuestra que no encaja en la vida que la Fisher planeaba para ambos y por si fuera poco, los secretos de su pasado van saliendo a la luz en forma de regalos olorosos y repugnantes (mierda, vaya). Estos "presentes" llegaban a la funeraria de cuando en cuando y Ruth culpa precipitadamente a Arthur, el aprendiz de la casa, forzándole a abandonarles, cuando en realidad procedían de un hijo de George que había sido abandonado por éste cuando todavía era un niño.


Al no poder encauzar a su nuevo marido hacia su estilo de vida y al no conseguir que éste hiciera las paces con su hijo, Ruth huye desconsolada a casa de su hermana Sarah y de su amiga Bettina, y con la última se escapa de vacaciones a Méjico para intentar demostrar que todavía puede vivir aventuras. No obstante, cuando decide regresar, Arthur le presenta a sus dos hijos y la hija, Maggie (Tina Holmes), da a entender que su padre necesita de un "cuidado especial". La cruda realidad aparece ante la Fisher cuando descubre que su nuevo marido es en realidad un enfermo mental, pero cómo vivirá esta situación es algo que descubriremos en la quinta temporada. Es inevitable sentir lástima por esta mujer, por cómo la vida y sus seres queridos le dan golpe tras golpe sin apenas darse cuenta. Pero, ¿encontrará la felicidad en algún momento? Esperemos que así sea.




Nate y Brenda

La pareja protagonista de la serie vive en esta cuarta temporada un nuevo desafío. Brenda comienza una relación con su vecino Joe (Justin Theroux), una relación que intenta que sea lo más normal posible pero que no conseguirá que sea tan fácil (sobre todo en el terreno sexual), mientras que comienza a estudiar para ser psicoterapeuta, algo que nunca imaginó que acabaría siendo jamás. Por otro lado, Nate se encuentra completamente desconsolado por la muerte de Lisa, mujer con la que se casó por compromiso pero de la que acabó enamorado justo antes de su muerte, y continúa un sendero de confusión y desenfreno acostándose con todas las mujeres que encuentra en su camino (destacar que una es Anna Gunn, Skyler en Breaking Bad), incluída Brenda, e incluso deja de lado a la funeraria de su familia para alejarse de esa vida tan deprimente. No obstante, el Fisher volverá al redil cuando su hermana Claire le pida que colabore en la empresa familiar por el bien de su trastornado hermano David.


Pero cuando Joe pilla a Brenda y Nate juntos, no se sorprende y desaparece de escena, dejando a la pareja abordando sus asuntos pendientes. Poco a poco se van reconciliando y aceptándose el uno al otro, hasta tal punto que cuando Nate tiene que ir a Idaho a visitar a la familia de Lisa y a asistir a un servicio fúnebre por ella, Brenda le acompaña (aunque se mantiene al margen). El servicio va bien, pero los padres de Lisa descubren que las cenizas que tienen de ella en realidad son de otra persona y al poco tiempo Barb, la hermana de Lisa, se lo echa en cara y le amenaza con llevarse a la niña de ambos. Mientras Brenda se reconcilia con su hermano Billy (que dicho sea de paso, cada vez está más unido a Claire), Nate vuelve a Idaho para enfrentarse al marido de Barb, Hoyt, ya que gracias a la hija de sus cuñados descubre que el hombre sabe algo más de la muerte de Lisa de lo que parecía: tenían una relación sentimental un tanto extraña y fue él el último que la vió con vida, algo que le reconcome por dentro y le hace apretar el gatillo contra su propia cabeza. Esto no calma mucho las cosas, pero al menos es una revelación para el espectador y un respiro para Nate, ya que Barb se entera de todo y no va a enfrentarse contra su cuñado por Maya. Así, la temporada termina con tranquilidad para Brenda y Nate, que ahora tienen la vista puesta en conseguir tener un niño.



Con una única temporada por delante, ahora cabe pensar qué es lo que será de los Fisher en la última tanda de capítulos y, sobre todo, como conseguirán (si es que lo hacen) normalizar sus vidas. La cuarta temporada está plagada de cambios, todos dramáticos pero no especialmente positivos, y solo cabe esperar que ese final tan elogiado por todos los que han visto la serie de a los Fisher el descanso que se merecen después de cinco temporadas. Pero eso es algo que ya descubriremos más adelante.

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